EL GALLO DE LA SUERTE
El Gallo de oro, de Juan Rulfo.
El buen gallo ayuda a
la suerte,
nunca la suerte ayuda
al buen gallo.
Dicho Gallero.
Juan Nepomuceno Pérez Rulfo Vizcaíno, autor
jalisciense de talle mundial, dejó entre sus ávidos seguidores una serie de
textos cuya presencia en la vida del lector mexicano resulta primordial. “Se me
acumularon todos los nombres de mis antepasados” llegaría a decir el autor, y
es que nosotros lo conocemos como Juan Rulfo, un mote un tanto más simple si se
quiere pero que ahora tiene un peso importante.
El
autor, quien nació en mayo de 1917 y dejó el mundo únicamente de manera física
en enero de 1986, no destaca por una interminable lista de publicaciones sino
por la fuerza con la que sus tres obras principales: El llano en llamas, de 1953; Pedro
Páramo de 1955; y, El Gallo de oro,
de 1980, golpearon el mundo literario del México del siglo XX, una nueva
literatura para una país en construcción.
Más
si hemos de seleccionar una obra para hablar en
este momento, parece pertinente que enfoquemos nuestra atención en
aquella obra que recibió menos reflectores pero que precisamente fue escrita para que los recibiera en todos
los aspectos, El gallo de oro,
pensado en un inicio como un guion cinematográfico y posteriormente adaptada a
una novela corta, esta obra contiene varios aspectos que destacan en la obra de
Rulfo, principalmente el respectivo a sus personajes pues estos, respondiendo a su contexto, se adaptan y
modifican a lo largo de la historia, y no cabe duda que el buen Dionizio Pinzón,
nuestro personaje principal, habrá de representar este aspecto a lo largo de la
obra de una manera muy interesante.
Primero
que nada hay que observar el contexto mismo de la obra, en un mundo de pelea de
gallos, aquél que se dedicaba a gritar lo sucedido en el pueblo vuelca su
suerte al comenzar en el negocio. Comenzando con un ambiente austero, de fiesta
solo para algunos y con un pie en el duelo por la muerte, Dionizio Pinzón, el
gritón del pueblo lleva una vida de perder por ganar, de ganar por perder, y es
que realmente no se le caracteriza como un hombre afortunado. Con hambre,
suciedad y desamores, el hombre ve una oportunidad en un precioso gallo dorado,
el cual prácticamente dejado a su suerte pasa a manos de Dionizio iniciando así
un cambio radical en la vida del infortunado.
Más
la suerte no se encierra ahí, puesto que no tiene el futuro asegurado y es que
a lo largo de la obra se identifican momentos en los que éste se encuentra en
lo alto de la buena fortuna y en otros cae en lo más bajo. Mientras que la
madre de Dionizio parece intercambiar su favor de vida con la del gallo, casi
muerto al inicio de la historia, éste no significa la vida eterna para su nuevo
dueño. La vida de ambos cambia, se da un proceso de degradación al tiempo de la
elevación:
Supo
entonces que, en este negocio de los gallos, no siempre gana el mejor ni el más
valiente, sino que a pesar de las leyes los soltadores están llenos de mañas y preparativos
para hacer trampa con gran disimulo. Ahora iba a pelear gallos de una misma
percha […]
Entre
juegos de dinero, música y peleas de gallo, llega también a la vida de nuestro
hombre la irremplazable Caponera. Cantante de los rodeos de pelea, desde un
inicio ésta llama la atención del gallero y cuenta con un algo especial que
hace que el mismísimo Dionizio encuentre aún más fortuna que la que le rodea ya
desde la adquisición del gallo dorado.
Más
la Caponera resulta ser una mujer de cuidado. Se muestra fuerte “Ya sabes que
nací para andar de andariega. Y solo me apaciguaré el día que me echen tierra
encima” (página 109) dice ya estando en una relación con el gallero. Resultando
como fruto de esa relación una pequeña niña que termina siguiendo los pasos de
la propia Caponera y la historia de esta familia se torna en girar única y
exclusivamente alrededor del dinero, y esto resulta sumamente interesante
puesto que al pasar del tiempo la suerte del propio Dionizio está en su misma
casa. Tomando finalmente posesión de los
bienes por sobre el mismo hombre que le inició en el mundo de las peleas de
gallos, el buen Lorenzo Benavides, antiguo compañero de La Caponera, el gallero y antiguo gritón se juega todo lo
que posee en varias ocasiones siempre con su mujer al lado, la suerte le
acompaña de esta manera. Sin embargo, al
final de la vida de este hombre lo cíclico de la vida parece hacer aparición,
de lo más bajo llegó a lo más alto, y casi de manera inevitable, cae por su
propio peso.
Con
un lenguaje sencillo y completo, Juan Rulfo construye una joya más para su
conjunto de obras en las que los personajes se mueven con su contexto y
demuestran, más que una unidad entre el desarrollo de la historia y el
carácter, como este responde a la adversidad. Dinero, austeridad, música,
silencio, muerte, vida, fortuna y desgracia, El Gallo de Oro se mueve entre
situaciones binarias como la existencia misma, insertando a los lectores en el
turbio mundo de la pelea de gallos.
Por: Karen Mariana Gutiérrez Medina.
Abril, 2018.


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